Manolo García

...viene al Buesa Arena de Vitoria-Gasteiz el 3 de Mayo con su primera gira acústica.

 

Sus canciones forman parte de la banda sonora de este país. Con El Último de la Fila descubrió las mieles del éxito, pero también el engorro de la fama. Una vez agotado el proyecto se reinventó con su carrera en solitario. Este barcelonés de voz inconfundible, que ha vendido más de 50 millones de discos, busca la inspiración en las cosas sencillas. Amante de la pintura y la naturaleza, se aleja de la tecnología para crear. Nos lo cuenta.

 

 

Primera gira en acústico de tu carrera, ¿cómo está resultando?
Llevo a día de hoy cuatro conciertos de los sesenta que tengo programados y perfecto, perfecto. Como me había propuesto, me lo estoy pasando bien. Es una manera nueva de exponer las canciones, de presentarlas, hay arreglos nuevos. Le he dado la vuelta a muchas de las canciones, muchas son irreconocibles. Hasta que no empiezo a cantar nadie diría qué canción es. Y ese juego de esconde y expón me gusta. También estoy cantando de otra manera, más pausada. Cuando hay una banda eléctrica detrás es bastante difícil. Tienes que competir en energía con el poder de la electricidad amplificada.

Pero no estás solo sobre el escenario…
No, somos siete músicos y yo, ocho personas. También el público sentado te condiciona de otra manera. Cuando tienes una audiencia amplia, numerosa, de pie, con una cerveza en la mano, de fiesta de verano, tienes que echar mano de una energía superior, para tenerles atentos, para tenerles motivados. Si no se te dispersan. Es una masa grande de personas, con sus energías individuales y tú has de saltar más, corretear más, pegar más alaridos, hacer más el mono.

Ja, ja, ja...
Oye, que a mí me encanta, no lo digo como algo negativo. Al contrario. Yo he sido bicho de escenario siempre y me va muchísimo enardecer a esa masa sedienta de rock, dentro de mi estilo. Tampoco sueno a ACDC, pero sí que hay una parte energética mía.

¿Qué te aporta esta nueva forma de presentarte?
A mí me devuelve a un tiempo de infancia, de fiestas de aldea, de pueblo, donde, al amanecer te despertaban las bandurrias. Era un despertar dulcísimo, además, muy noble, muy vital, muy romántico. También es cierto que me devuelve a un tiempo de ensoñación, un tiempo juglaresco… Yo no estoy conforme con mi tiempo. Soy de esas personas que no viven a gusto en el siglo XXI, ni en el siglo XX. Yo pienso que el mundo se debería haber detenido cuando los trenes iban a 35 por hora.

"El mundo se debería haber detenido cuando los trenes iban a 35 por hora."

¿En serio?
Hasta ahí. Teníamos que haber dicho "ya está bien ir a 35 por hora. Los dioses nos han dado un plus." Pero ir a miles de kilómetros por hora, llegar a la luna… no me parece correcto. Una vanidad del ser humano la cual estamos pagando y pagaremos.

Háblanos de tus comienzos en la música, allá por 1981.
Yo empiezo en la música por amor absoluto a la libertad. Desde muy jovencito me autoconvenzo de que esos señores que veo en las revistas de música, en una incipiente televisión, con pelos largos... Estamos hablando de los años 70. Bigotes de guías largas, abrigos de astracán, donde las solapas son de pelo… Pienso que esos señores son libres, no trabajan, son juglares.

Y tú quieres ser uno de ellos.
Yo ya estoy empezando a leer Miguel Strogoff, Verne… estoy ya en otros mundos. Soy un adolescente que busca ser libre. Y me doy cuenta de que tengo un oído musical, de que no tengo mala voz, de que cuando oigo esas canciones en la radio las puedo cantar y las afino bien. Tengo tempo, tengo sentido del ritmo, las clavo encima y no me muevo de ese tiempo.

¿Cómo das el paso?
Empiezo a baquetearme en orquestitas, en grupos de baile, grupos de los que amenizan las veladas de las noches de fiesta de cualquier pueblo. Como batería y cantando a la vez. Y me doy cuenta de que no va mal, el grupo que tenemos va gozando de cierto prestigio, nos va saliendo trabajito, todo muy sencillo. Como soy el más joven de los combos, siempre me toca cargar y descargar…

Sarna con gusto...
Tú lo has dicho. Van pasando los años y vuelvo de la mili pensando "quiero seguir". Y después de llevar 10 años de hacer versiones, quiero hacer música mía.

Evolucionar.
Sí y empiezo a escribir. A a partir de ahí decido montar una banda. Después de varios intentos frustrados, formo Los Rápidos y empieza una nueva vida para mí, empieza el tiempo de la creación y del goce absoluto en la música.

Tras pasar por varias formaciones, nace El Último de la Fila, que marcó una época en la historia de la música española.  ¿En algún momento costó asimilar el pelotazo?
Bueno... ascender fue muy lento. Subir peldaño a peldaño fue una lección de humildad. Tampoco soy una persona vanidosa. Tengo muchísimos defectos, pero ese no es uno. Soy músico vocacional. Pero me dio un bandazo en un momento determinado notar que era famoso, no  lo acepté. Yo quería ser músico. En mi agenda de trabajo tenía puesta en la primera página "Quiero ser músico". Pero no ponía ni "quiero ser famoso" ni "quiero tener mucho dinero", no. Ponía "quiero ganarme la vida con la música". Es diferente.

Pero todo cambió.
Así fue. Entre el 90 y el 92 Quimi y yo éramos el grupo de pop-rock. Arrasábamos. Para mí fue como una bofetada extraña el notar que yo era muy famoso. Entonces, pasé unos meses un poco confusos en lo emocional.   

¿Cómo saliste?
Reactivé mis neuronas y me dije "tranquilo, tío. Tú a lo tuyo". No voy a ejercer de famoso, yo voy a ejercer de músico. El mundo exterior que reaccione como quiera. Además, todo pasará. Hay pretendientes a famoso haciendo cola que van a desbancarte rápidamente, cosa que te irá muy bien. Yo podré seguir en lo mío.

"Me gusta el punk. The Clash es una de mis bandas preferidas."

A Rosalía, tu paisana, se le acusa de apropiación. ¿A ti te dijeron lo mismo en su día por tus dejes aflamencados?
A mí nunca me han dicho eso. Yo tengo una deuda entre comillas. Si tú escuchas mi primer disco, con los Rápidos, yo canto de una manera. A mí me gustaba el punk. Como decía la canción, "soy rebelde porque el mundo me ha hecho así". A mí me gustaban los Clash y me siguen gustando. Es una de mis bandas preferidas. Si me dicen diez músicos del siglo XX, The Clash está entre las primeras. Entonces, yo cantaba de una manera, un poco al uso inglés, americano. Pero me di cuenta de que no era yo. De que si yo quería tirar adelante un camino propio, con un estilo propio, tenía que ponerle mi singularidad.

Y la pusiste.
Sí, recuperé hilo de una banda setentera nacional, que eran Los Módulos, Pepe Robles, y Triana, que han sido los grupos que a mí me han gustado. En Los Burros empecé a tirar un poquito por ahí.

Hablabas de Quimi, pero ¿sigues manteniendo el contacto con él?
Bueno, vivimos en ciudades lejanas y nos vemos de vez en cuando. Hay una relación cordial, no tan estrecha como cuando estábamos en El Último, evidentemente, pero siempre cordial.  

Se dice que la cuestión lingüística tuvo algo que vez con vuestra separación, ¿es cierto?
No, en absoluto. Mira, cuando tú llevas 17 años en una banda llega un momento en que todo el pescado está vendido. Entonces, si sigues, sería rebañar el plato. Y tenemos más dignidad que eso.

Si la separación fue de mutuo acuerdo...
Sí. Bien es cierto, que luego, luego él en sus trabajos únicamente ha cantado en catalán, cosa que respeto. Él es catalanoparlante, tiene una idea concreta sobre cómo tirar adelante su carrera musical y a mí me parece muy respetable. Yo soy castellanoparlante y escribo y pienso en castellano. Me desenvuelvo mejor en castellano. Igual que no me desenvolvería bien en inglés.

Has vendido más de 50 millones de discos, ¿cómo va ese ego?
Está en perfectas condiciones, porque lo tengo domesticado. No le doy papillas ni lo malcrío. Más bien lo tengo a un lado. Estar dedicando tiempo al ego sería tiempo que le quitas a la creación. Para crear necesitas tiempo. Necesito tiempo para leer, para pintar, para caminar, para tomar el sol, para adentrarme en un bosque y buscar hojas y ramas y luego pintarlas. Eso luego me da reflexión. Todas esas actividades tan simples y alejarme de las que me enervan, como oír cómo me llegan mensajes al móvil, wasapts… me alejo de eso.

Si aquel niño del Poblenou pudiera ver el futuro, ¿qué pensaría?
Pensaría que he hecho bien, porque he seguido mi Norte. De jovencito pensé "quiero pintar, quiero ser músico". Y entonces yo vería que voy adelante en eso, que no me distraigo con cantos de sirena.

¿Por ejemplo?
"¡Manolo, una película!" "No.""Un anuncio" "No." "Oye, por qué no miramos, porque aquí hay negocio…" "No, dejadme en paz." "¿Quieres entrar en la Sociedad de Autores?" "No." Quiero cantar y quiero hacer canciones y si estoy en otras cosas no voy a ser feliz y además no tendré tiempo y los dioses de la poesía, con perdón, se enfadarán conmigo porque les estoy abandonando y ellos me abandonarán a mí y eso no me gustaría nada. Quiero seguir necesitando decir cosas. Al oyente le gustarán o no, pero yo seré feliz diciéndolas.

"Cuando tú llevas 17 años en una banda llega un momento en que todo el pescado está vendido. Si sigues, sería rebañar el plato. Y tenemos más dignidad que eso."

El surrealismo de Dalí impregna la letra de tus canciones, ¿es tu pintor fetiche?
No. Dalí me gusta, conozco su museo casi podría decirte al centímetro. Conozco su casa en le Portlligat, he estado, me ha gustado, me ha fascinado, pero no solo él. Leonora Carrington, por ejemplo, una pintora que me ha entusiasmado, Frida Kahlo, una mujer muy especial… Me gusta mucha pintura. El Bosco mucho tiempo antes. Fascinante. La pintura, en general, me entusiasma, es un nutriente para mí importante.

"Yo también quiero a mi patria, mi lengua y mi geografía. Lo que pasa es que soy multiamante. Me gustan muchas geografías, muchas patrias… "

Lo de Dalí entonces, es anecdótico.
Dalí es uno de mis referentes, porque cuando estoy grabando, por ejemplo, gran parte de mis discos están hechos en un pueblo cerca de Figueras y muchos mediodías, a la hora de comer, me he ido al museo. Si donde yo trabajo hubiera estado al lado del Louvre de París a lo mejor haría mención a otros pintores.

¿Y tú qué pintas?
Pinto días, pinto horas. Hay ratos que me evado. Es mi evasión. Todo el mundo tiene momentos en que intenta evadirse, parar el cerebro, parar de pensar absurdidades, banalidades, pensamientos que no te aportan nada bueno, que te fatigan, que te cansan. Entonces, pintar para mí es un descanso. Trabajar de minúscula y absurda deidad, crear mundos nuevos, que ni yo mismo entiendo, pero evidentemente salen de mí. Monto unos escenarios bastante estrambóticos. A veces son colores, otras veces manchas… neofigurativo estrambótico. Bueno, me entretengo.

¿Cómo es la reacción del que mira?
En alguna exposición que he hecho hay gente que viene y me comenta “oye, pues son entretenidos tus cuadros y he estado un rato mirándomelo”. Y entonces yo le digo "mira, si has estado un par de minutos pensando en mis majaradas y has descansado de las tuyas, ya estoy contento".

 

APÁTRIDA Y VITAL

Llevas sangre manchega. ¿Y la típica retranca o eres más bien serio?
Yo soy bastante apátrida, te confieso. No creo demasiado en las banderas. Las banderas maltratan a la población. Normalmente las llevan a la guerra, a la muerte… A lo largo de la Historia, las banderas son un desastre. Entonces, cuidado, tampoco voy a hablar mal de ninguna bandera, porque me van a lapidar, me van a apedrear.

¿Entonces?
Al contrario, todo el respeto. Entiendo que los fervores patrios son respetables, son encomiables. Que uno quiera a su patria, su territorio, su geografía, su lengua, su cultura, me parece maravilloso. Yo también quiero a mi patria, mi lengua y mi geografía. Lo que pasa es que soy multiamante.

Aaahhh...
Sí, me gustan muchas geografías, muchas patrias… No te diría aquello tan manido de lo de "ciudadano del mundo"”, pero sí que te diré que cuando voy al País Vasco me encuentro bien y cuando estoy en Asturias estoy encantado y cuando estoy en La Mancha soy feliz y cuando estoy en Cataluña doy palmas con las orejas.

Una ventaja.
Sí, soy vital por naturaleza y siempre que la gente esté en paz y tranquila y se entienda hablando, incluso en cuestiones muy opuestas, en lo político, siempre que vayan hablando, aunque lleven 20 años hablando, algún día lo arreglaremos. Me parece bien. Cuando la gente se enerva, se azuza, se pega, se da porrazos, ya digo "no, no, aquí creo que las banderas no sirven ninguna. Los están haciendo mal todas". A veces las banderas se abrazan, se besan, se lían unas con otras, se dan calorcillo y ahí sí que molan las banderas.