María Hervás

...presenta 'Iphigenia en Vallecas' el próximo 19 de Abril en Vitoria-Gasteiz.

 

Dejó los estudios de Arquitectura para dedicarse a la Interpretación, a la que se ha entregado en cuerpo y alma. Esa apuesta le ha devuelto alguna que otra decepción, que ella resuelve coproduciendo su propio espectáculo, cuyo texto original además ha traducido. La actriz madrileña da vida a Iphi, una chica joven, sin horizonte, que decide sacrificar sus derechos para favorecer a una sociedad. Insuperable.

 

 

¿Qué te une a Iphigenia?
Lo primero, sus raíces. Es una chica de barrio como yo. Cuando leí el texto original, de Gary Owen, me enamoró. Resuenan en él experiencias de mi pasado. Y luego también, me identifico con su sentido de justicia innato.

La obra defiende la nobleza de una clase trabajadora estigmatizada por el neoliberalismo. ¿Una oda al orgullo obrero?
A cualquier tipo de clase que está sosteniendo las clases que haya por encima. Oda a los desfavorecidos sería más correcto.

Quienes lucharon por sus derechos laborales hace décadas hoy toman las calles para exigir unas pensiones dignas. ¿El poder tiene miedo?
No, porque todo está demasiado bien armado. El poder, que históricamente se venía ejerciendo sobre los ciudadanos a través de la violencia, generalmente física o coercitiva, a día de hoy se ejerce a través una violencia psicológica, a través de estructuras de poder ultrasofisticadas, que están totalmente integradas en nuestro día a día, con lo cual son dificilísimas de reconocer. Vivimos con ellas y nos educamos con ellas.

¿Cuáles son sus consecuencias?
Que somos un pueblo tremendamente manipulado, en un constante dormitar. Creemos que estamos despiertos, pero no. Nos engañan con la sobreinformación. Parece que siempre estamos haciendo cosas, pero en el fondo estamos como dormitando. Ellos lo saben perfectamente. Estas estrategias no son en absoluto naíf, ni ingenuas, ni tampoco azarosas.

"En mi familia se esperaban algo así como que yo fuera la nueva Zaha Hadid."

¿Algún ejemplo?
Uno reciente. A un chaval que hace un rap contra la monarquía le van a meter tres años de cárcel. Yo le preguntaba el otro día a mi madre, "¿me puedes explicar cómo es posible que nosotros, como sociedad, consistamos eso?" Si se juntan 3.000 personas en la puerta de la cárcel el día que le van a meter, no entra. ¿Se van a poner a matarnos a todos? Y ¿por qué eso no sucede cuando hay mucha gente que entiende que eso es una injusticia? Porque asumimos la tragedia como parte de la normalidad. Y esto es lo más terrible. Creo que no sienten miedo porque nosotros no estamos haciendo ver que podemos llegar a cambiar las cosas. Porque somos escépticos incluso ante una posible revolución.

Está extendida la idea de que si no consigues el éxito es porque no lo intentas lo suficiente, ¿una falacia?
Absolutamente. Es una falacia de la Derecha históricamente y del mundo neoliberal, capitalista. Es la gasolina de un sistema que funciona a base del capital. Entonces, tú me tienes que llenar todo el rato la cabeza de sueños, sueños que todavía no he conseguido, para que la máquina deje de funcionar. Un filósofo decía que la verdadera revolución que puedes hacer con respecto a un sistema de este calibre es parar, no hacer nada.

E Iphi no hace nada. No estudia, no trabaja...
En una entrevista en la radio me decían "es que Iphi y las personas como ella no hacen otra cosa porque no quieren. En un país como España, en el que todos tenemos las mismas oportunidades…"

¿Estás de acuerdo?
No, a mí esto me saca de quicio, porque es un discurso aprendido y falaz. ¿Cómo que todos tenemos las mismas oportunidades? Tú te levantas todos los días en una casa que no llega a los 30 metros cuadrados, donde la mierda se te viene encima cada mañana, que hace un frío de la hostia, porque no tienes ni acceso a una calefacción… Ahora dime cómo una chica de esas características se levanta, con qué impulso vital, con qué ánimo, con qué contagio social todas las mañanas va a un instituto a dar lo mejor de sí. No, se levanta y está asqueada y tiene rabia y por la calle te va a increpar.

No te quedas solo en la interpretación. Has adaptado el texto original, de Gary Owen. ¿Cómo ha sido el proceso?
Maravilloso. Hablo varios idiomas y estudio idiomas también, pero no soy traductora. Lo que pasa es que estuve investigando el Festival de Edimburgo, de la edición 2015, textos que habían funcionado bien, fui viendo las críticas, y entonces, pedí varios textos y el primero que leí fue 'Iphigenia'. Y me enamoré.

"¿Cómo que todos tenemos las mismas oportunidades? Es un discurso aprendido y falaz."

Y te lanzaste.
Sí, empecé a traducirlo desde la más absoluta ingenuidad. Y Will King, uno de mis maestros, me dijo que la habián programado en el National Teather de Londres, que en cuanto estuviera iban a pedir los derechos. "¿La has traducido y no tienes los derechos? ¡Estás loca! ¡Has podido estar trabajando para nada!", me dijo.

¿Cuánto tiempo te llevó?
Tres meses. Estaba trabajando en Carlos V y entre escena y escena, iba traduciendo. Pero tuve la gran suerte de que nadie había pedido los derechos desde España y fue un proceso relativamente fácil.

¿Cómo es trabajar con Antonio Castro Guijosa, el director?
Una maravilla. Le conocí precisamente en un curso con Will King. Me vio trabajar y pasado un tiempo me llamó y me dijo que me encantaría trabajar conmigo. Yo estaba terminando de traducir Iphi.

Qué casualidad.
Sí, pero era un proyecto de saneamiento personal, porque yo hago otro proyecto hace unos años en el que me hacen un daño terrible emocionalmente y profesionalmente hablando. El dolor más fuerte que he sentido a nivel profesional. Y estuve a punto de retirarme.

¿Con lo joven que eres?
Sí, pero yo decía "esto no me compensa". Pero luego llegué a la conclusión de que no. ¿Retirarte de algo que amas? No. Lo que no quiero volver a permitir es que tengan la posibilidad de destrozarme así. Y decidí hacer mi propio proyecto.Yo tengo los mandos y yo decido. Pero luego me llama Antonio y yo no le conozco mucho y aunque me da buen rollo, imagínate que luego no nos entendemos y lo que había sido como una intención de saneamiento, al final se frustra.

Pero no fue así.
Pues no. Me dijo que lo entendía todo y que iba a ser todo lo respetuoso que yo necesitara. Y así ha sido. Lo hemos co-producido juntos y Antonio lo ha dirigido con una sutileza extraordinaria.

No es la primera vez que pones en escena un monólogo. ¿Te gusta tener el control en escena? ¿Un paso más hacia la dirección?
Sí, claro, me encantaría. Tengo muchas ganas sobre todo porque a pesar de que soy joven, tengo 30 años, siento que, tal vez por el tipo de proyectos que me han ido llegando, tal vez por la súper heterogénea formación que he tenido, que he estado trabajando con muchísimos maestros y también por el crecimiento personal que he ido escogiendo, he llegado a entender cosas muy fundamentales de mi oficio que creo que puedo transmitir desde un lugar muy tranquilo y con muchísimo amor a los actores a los que algún día ojalá pueda llegar a dirigir.

"A un chaval que hace un rap contra la monarquía le van a meter 3 años de cárcel. ¿Cómo es posible que nosotros, como sociedad, consintamos eso?"

¿Has dado algún paso en ese sentido?
Sí, he dirigido la apertura del Festival de Alcalá el año pasado. Y tengo escrita mi primera obra 'Deseantes', no la he montado aún, porque son 8 personajes...  

¿Cómo sentó en tu casa que dejaras los estudios de arquitectura por la interpretación?
Pues sentó mal, ja, ja, ja… Había muchas expectativas puestas sobre mí. Vengo de un barrio, de familia de clase media trabajadora pero humilde, hija única, mis padres, ninguno de los dos tienen carrera, son trabajadores currantes desde niños, de hecho. Entonces, yo llevaba toda una brillante carrera en los estudios. En mi familia se esperaban algo así como que yo fuera la nueva Zaha Hadid. "¡Bueno... la niña va a hacer auditorios!"

Pero no pudo ser.
Pues no, pero a la vez, tengo que decir que siempre ha habido tremenda libertad con respecto a mis decisiones. Jamás me he sentido obligada ni coaccionada. De hecho, en paralelo que yo estaba estudiando Arquitectura, yo ya había estudiado en el Conservatorio de Danza y empecé Arquitectura y Arte Dramático a la vez, las dos carreras…

Y entonces, te cogen en 'Los Serrano'.
Sí, fue una locura...

Ahora escribes, pintas, te interesa la fotografía… Le das a todo.
Sí, y por una parte me siento orgullosa de ser capaz de hacer todas las cosas que hago, pero reconozco que hay parte de una compulsión terrible, de una especie de esquizofrenia en la que vivimos constantemente los seres que pertenecemos a este tipo de sociedades actuales.

¿Ya tienes tiempo para los amigos, el amor y esas cosas?
Soy de amigos total y de amor total. Pero bueno, me haces la pregunta en un día complejo, porque ayer dejé mi relación con mi pareja...

Vaya, lo siento.
No pasa nada, así es la vida. Hay que tomar decisiones. Si me preguntas hace una semana, te hago un discurso... una apología del amor, porque soy una enamorada del amor. Pero era muy difícil. Es el gran amor de mi vida, pero él vive en Berlín, es alemán y aparte, tenemos unos caracteres, que aunque nos amamos mucho, yo no creo que nos compenetramos como para poder llegar a un estado de felicidad más o menos sereno.

Bueno, si lo has decidido así, por algo es.
Pues sí. Ha habido momentos en que era elegirle a él o elegirme a mí. Yo ya no sabía dónde estaba yo. Entonces, creo que he hecho un acto responsable. Que conlleva mucho dolor también, porque no es nada fácil dejar a alguien estando enamorada. Cuando te desenamoras, ya de por sí es difícil. Pero estando enamorada, es una tragedia.

Centrarte en el trabajo puede ser balsámico en este doloroso momento, ¿cuáles son tus proyectos?
En tele ahora mismo estoy trabando en 'La que se avecina' y en Abril inicio el nuevo proyecto de la misma productora, grabamos el piloto el año pasado y trascurre en un pueblo de Soria, todavía no tiene un título definitivo. Luego, también tengo un par de escenas en la nueva serie de Paco León, sobre el entorno de Ava Gadner, cuando estuvo en España, en los años 50. Y aunque esto no está confirmado, volvemos con Iphi al Teatro Kamikaze en Junio y Julio, los fines de semana.

 

EL "DESOCULTAMIENTO" DE LA MUJER

Afirmas que vivimos un florecer  de la mujer y de todo lo que significa lo femenino...
Eso es. Estamos viviendo un desocultamiento de la mujer, que se diría en la Grecia clásica. Me parece una palabra preciosa. Yo lo estoy viviendo desde un lugar optimista, desde un lugar celebrativo, pero también desde un lugar riguroso, porque creo que todas y todos deberíamos no perder.

¿A qué te refieres?
Hay una cosa que a mí me genera disgusto y aversión, que es la agresividad con la que muchas mujeres están acogiéndose a este tipo de movimientos, que además, creo que muchas de ellas desconocen tremendamente. Es el peligro que se corre con la adhesión a la moda, por ser moda.

"Esta cosa de "¡Mujeres al poder!" me suena como a estridencia. No me gusta nada, para mí es un error."

El fin no justifica los medios, vaya.
No. Me preocupa esa violencia con la que está tratando el asunto y esa lucha que está confrontándonos de nuevo con lo masculino… Esta cosa de "¡Mujeres al poder!" me suena como a estridencia. No me gusta nada, para mí es un error.

¿Tú qué sugieres?
Estamos reivindicando la igualdad tan necesaria, eso no tiene negociación ninguna, pero aparte de eso estamos reivindicando un lugar social para lo femenino, para que la mujer no tenga que encontrar su lugar masculinizándose. Propongo hacerlo todo desde el amor, la comprensión y la dulzura. Desde un lugar de inclusión al hombre también. "Compañero, ven conmigo de la mano, porque creo que tenemos que ir juntos".